
Las velas de altar son las que se colocan en
la parte posterior del altar.
Se suelen utilizar dos velas, y ese número es el que prefiero personalmente;
pero puede utilizar una si lo desea, colocada en el centro por la parte
posterior de su altar.
Estas velas deben ser siempre de color blanco. Cómprelas lo más altas y hermosas
posible.
Si puede conseguirlas, utilice velas de cera de abejas, pues representan a la
deidad o dios -cualquiera que sea su religión o filosofía religiosa- y al reino
espiritual, que es la esfera con la que está tratando de contactar y obtener un
vínculo, sirviéndole las velas de altar como «puente» con ese reino.
Ocasionalmente, oirá que las velas de altar no son realmente necesarias y pueden
omitirse, pero su eliminación rompe el esquema de las tres velas, de altar, del
Zodiaco y de ofertorio, la ubicua pero sagrada «trinidad» de la mayor parte de
las religiones, reduciéndolo así a un esquema de dos y a la «dualidad».
En el plano terrenal, la dualidad es con frecuencia la causa de nuestros
conflictos y problemas, y es a menudo el motivo de lo ritual en primer lugar.
Las velas de altar deben dominar éste literalmente, incluso cuando al arder
hayan reducido su tamaño. Con gran frecuencia, son las primeras en encenderse y
las últimas en apagarse, pues «yo soy el Alfa y el Omega, lo primero y lo
último».