
Cada ritual necesita un tipo de vela para su
correcta realización. Las velas de altar, conocidas también como velas divinas,
deberían ser siempre blancas, altas y de cera de abeja. Normalmente se sitúan
una a cada lado o una sola en el centro. En la liturgia católica también podemos
encontrar velones, la vela de Bautismo, la vela de la vigilia Pascual, velas de
altares, tulipas, cirios, velas de Comunión, velas de Confirmación, etc.
Las velas Santorales se utilizan para las ofrendas a cada santo. Por ejemplo, si
queremos pedirle algo a Santa Rita, la patrona de los pedidos imposibles,
deberemos utilizar una vela color rosa o marrón. Para San Antonio una vela roja,
para la Virgen del Carmen una vela color celeste o blanco, y para Santa Lucía
una vela de color azul o violeta.
También existen las velas zodiacales. Cada signo del zodíaco se asocia con el
color de una vela que representa las cualidades de cada planeta. Se utilizan
cuando se quiere atraer la energía planetaria para la petición. Por ejemplo, el
color apropiado para una persona Aries es el rojo vivaz o el carmesí. Un Piscis
se decantará por el verde claro, el celeste o el amarillo oscuro. Una persona
Géminis tiene como color regente el lavanda, el gris o el celeste. Además de las
velas zodiacales, podemos utilizar las velas diarias para un ritual. Éstas son
de un color diferente según el día de la semana.
Las velas suelen estar presentes en los momentos más especiales de nuestra vida.
Cada cumpleaños lo celebramos soplamos las velas correspondientes al año que
acabamos de cumplir. Dicen los expertos que siempre que las velas nos acompañen
tendremos asegurada la cuota de positividad, de energía y de buena suerte. Y no
sólo a nosotros sino también a todas las personas que participan en el evento.