Desde el momento que nacemos, se establece
en nuestro destino una serie de patrones que serán activados en cada momento que
nuestra alma se encuentra lista para enfrentarse a un reto que nos hará
desarrollarnos como personas, a modo de generadores de energía cósmica que
influenciará en otros, dando impulsos de vida para que ellos y nosotros logremos
el objetivo que se nos ha encomendado al nacer.
Por ello, en nuestra carta astral se registra una representación simbólica del
cielo bajo el cual hemos nacido, que corresponde a un momento determinado en el
tiempo que marca el origen de la vida. Sin embargo a medida que el tiempo pasa,
los planetas no dejan de moverse, por lo que este movimiento nos afecta de tal
manera que nuestro destino se ve influenciado, formándose catalizadores de
eventos que nos ponen a prueba.
A este fenómeno cósmico se llama el tránsito planetario, el cual se define como
el movimiento de un planeta a través de las casas del zodiaco a lo largo de los
días, semanas y años. A medida que los cuerpos celestes van avanzando por el
firmamento, van convirtiéndose en inquilinos de las casas zodiacales, teniendo
diferentes tipos de efectos en nuestro comportamiento y juntándose con otros
planetas para lograr sensaciones determinantes en nuestra psiquis.
Por ello, se denomina como “estancia” al tiempo que cada planeta se demora en
cruzar toda una casa del zodiaco, formando ritmos cósmicos de tiempo que son
cíclicos en cada momento de nuestra vida.
Unos planetas demoran más que otros en su recorrido, por lo que influyen de
acuerdo a su velocidad en nuestra carta astral. La importancia del estudio de
los tránsitos planetarios está en el hecho que cada segundo que pasa se origina
un evento que nos afectará a futuro en nuestras vidas, que puede tener
consecuencias buenas o malas de acuerdo a las decisiones que tomemos cuando nos
enfrentemos a ellos. Por ello, nos permitirá hacer predicciones sobre qué efecto
determinado tendrán sobre nosotros con fecha exacta y qué podemos hacer para
beneficiarnos de ello.