OKAMI es el título de un videojuego para la
consola Play Station 2 de Sony que, basado en una antigua fábula oriental,
traslada al jugador a una atmósfera ancestral, misteriosa, ambientada en el
Extremo Oriente.
Es fácil suponer que este mero hecho no conecta a este videojuego con en Feng
Shui. Una de las utilidades incluidas en él, el llamado “Pincel Celestial”, que
permite transformar el escenario en el que se mueve la trama del propio juego a
nuestro antojo, sí es una de las piezas que encajan en dicha filosofía, dado que
dicha transformación es utilizada precisamente para conseguir un equilibrio de
las energías circundantes.
El hilo argumental del videojuego habla de un Dios del Sol, Okami Amaterasu, que
se ha reencarnado en un lobo blanco para acometer una única misión: vencer al
malvado demonio Orichi, que acecha la aldea Kamiki. Tras haber sido desterrado,
Orichi es liberado y vuelve para sumir a estas tierras de nuevo en la oscuridad.
Okami se enfrentará de nuevo a Orichi y gracias a sus poderes devolver la luz y
el color a la aldea y a sus habitantes.
La diferencia de este juego con otros más convencionales estriba en las “armas”
o herramientas con las que Okami intentará vencer a Orichi, basadas en acciones
reparadoras y defensivas más que en propiedades destructoras o agresivas.
La estética es quizás uno de los elementos más llamativos de este videojuego, ya
que está basada en el antiguo arte figurativo japonés: colores tenues aunque
vistosos y trazos difuminados y caligráficos contribuyen a generar una atmósfera
misteriosa y relajante a un tiempo.