El Feng Shui es un estilo de vida que busca
la armonía y el equilibrio personal a través de todo lo que rodea nuestra
existencia e interviene en ella de un modo u otro. Nuestro entorno habitual y
las cargas energéticas que desprende puede, según esta filosofía, influir
positiva o negativamente en dicho equilibrio.
Sin embargo, y como suele ocurrir en la Sociedad de Consumo, a toda filosofía le
aparece de forma casi instantánea un auténtico talón de Aquiles: las
desviaciones provocadas por las prácticas comerciales que, al abrigo de sus
postulados, construyen auténticos catálogos de productos y servicios que,
aparentemente, guardan relación con ella.
Así, ha surgido una nueva tendencia decorativa supuestamente basada en el Feng
Shui, que comercializa objetos a los que atribuye propiedades en sintonía con
este modo de vida. Algunos seguidores y teóricos ya han puesto el grito en el
cielo, aclarando que realmente el Feng Shui no contempla ubicar determinados
objetos en el habitat en que uno vive, se mueve y se desarrolla como persona. La
razón más poderosa es que el Feng Shui se basa precisamente en la sutilidad, de
forma que no es algo que busque, en modo alguno, la notoriedad.
Basar un estilo decorativo en el Feng Shui es imposible, ya que precisamente el
principio básico de la decoración es otorgar a un espacio una notoriedad a
través de objetos y adornos que conformaran un todo homogéneo identificable como
tal; por lo tanto, en todo caso, el resultado de una decoración basada en el
Feng Shui sería invisible, inocua o, al menos, no identificable. En resumen, el
estilo Feng Shui no consiste en coleccionar una serie de objetos determinados,
sino optimizar los que ya tenemos y organizar el espacio de forma que, por una
parte, canalicemos las energías positivas para su máximo aprovechamiento y, por
otra, alejemos las negativas.
Así, podemos decidir colocar la televisión, o un sofá, o una librería en un
determinado lugar de nuestra vivienda porque de esta forma conseguimos un mejor
aprovechamiento energético o equilibrio. Evidentemente, el hecho de colocar una
escultura Feng Shui no ejerce, por sí mismo, efecto alguno en ello. La
concepción del espacio en términos globales es la que nos va a permitir vivir,
dormir o trabajar en perfecta armonía y equilibrio.