La búsqueda de la armonía y la purificación
de los espacios son algunos de los preceptos básicos del feng sui.
Desde tiempos inmemoriales, el arte, o mejor dicho, la ciencia del Feng Shui,
trata de limpiar de energías residuales o negativas que permanecen en nuestro
entorno con el paso del tiempo, a través de ciertas claves que buscan la armonía
de los elementos con los que habitualmente nos desenvolvemos.
El Feng Shui nos ayuda a limpiar el espacio para disponer de un ambiente
armónico, tanto en el hogar como en nuestro entorno de trabajo. Así, esta
tradición oriental señala que vivir en una casa que antiguamente estuvo habitada
podría traernos problemas derivados de las vivencias de los seres que en su día
la habitaron; esto es, existe la posibilidad de contagiarnos de estas energías
residuales que todavía existen en nuestro hogar.
Por ello, el Feng Shui nos ayuda a limpiar los espacios de la manera más
efectiva, garantizando una estancia saludable para nuestra salud y para la de
los que nos rodean. Además, también se utiliza esta técnica de depuración de
espacios cuando ha ocurrido algún suceso traumático, como enfermedades graves,
separaciones, pérdidas familiares, robos en domicilio que hayan conllevado
niveles altos de estrés en los componentes del hogar y que estén bloqueando las
energías positivas en nuestras estancias. Por todo ello, la mejor forma de
iniciar un nuevo periodo es contar con un espacio renovado y armónico, para
afrontar los nuevos retos con aires renovados.
Según esta filosofía oriental, el “qi” es una energía espiritual que se
encuentra en todo lo que existe y que puede ser interpretado como un flujo
energético que sostiene la vida. Así, el Feng Shui señala que la vida existe
gracias al aire y al agua, por tanto, el qi es la energía vital que fluye dentro
de estos dos ambientes.
La meta del Feng Shui es ubicar y orientar los espacios para sintonizarlos con
el flujo del qi. Por todo ello, cualquier limpieza del hogar conlleva la
utilización de los cuatro elementos, agua (reforzada o energética), fuego
(velas), tierra (plantas, flores) y aire (incienso, aceites). Otros consejos son
rociar con eucalipto o romero las habitaciones tras recuperarse de una
enfermedad. Después de haber tenido una discusión o pelea, se aconseja rociar el
ambiente con lavanda o geranio.