No necesita ni un lugar ni un ambiente especial. La parte de
atrás del coche, en el autocinema o incluso en el gallinero del cine es
perfectamente adecuado. Su único requisito es un amante que sepa tomarse su
tiempo, puesto que ella no tiene prisas. Su vena para hacer el amor puede
cambiar con una brusquedad sorprendente, en particular si su pareja se acelera
demasiado.
Quiere su propio ritmo. Deja que las cosas sigan su curso, hasta que haya una
unidad de deseo. Le gusta todo, desde el juego no verbal, hasta la titilación;
de la excitación sensual a la lascivia. Recompensará su paciencia con su propia
marca de exuberancia sexual, y su pareja ya no puede pedir más.
Pero el amante que desee mantener su interés durante más tiempo debe tener
presente que aparte de su urgencia sexual básica, Géminis busca un ideal. Para
ella, una relación tiene que ser una comunión que incluya lo físico y lo
espiritual, lo romántico y lo práctico. Suele ser agresiva Una Géminis le gusta
hacer dos cosas al mismo tiempo.
En el juego preliminar combina los besos profundos con la estimulación manual de
las otras zonas erógenas. Mientras realiza la relación, provoca a su amante con
un masaje sutil del dedo sobre el abdómen o tomando un glúteo en cada mano,
mientras lo levanta y baja a compás de sus manipulaciones orales. Tiene buenas
intuiciones sobre el acto del amor e idea muchas variantes deleitosas y
osadamente distintas.
La mujer Géminis cada vez busca más y más satisfacción del sexo. Impulsada por
su imaginación, por su curiosidad inacabable, realiza el coito con mayor
frecuencia que las mujeres de otros signos e intenta diversos estilos de
experimentaciones descabelladas. Suele ser bisexual y en los asuntos amorosos
con los miembros de su propio sexo prefiere alternar unas veces asumiendo el
papel de la mujer y otras el del varón.
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