Ángeles
6 -Un día vinieron a presentarse delante del Eterno los hijos
de Dios, entre los cuales vino también Satanás.
7 –Y dijo Yaveh a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Yaveh, dijo:
De rodear la tierra y de andar por ella.
8 –Y Yaveh dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro
como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del
mal?
9 – Respondiendo Satanás a Yaveh, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?
10-¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al
trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado
sobre la tierra.
11-Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema
contra ti en tu misma presencia.
12-Dijo Yaveh a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente
no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Yaveh.
(Libro de Job)
Es así como Dios se vale Satanás para probar la fidelidad e integridad de Job.
Es que la presencia de ángeles es una constante en todas las culturas y
religiones.
Entre los seres de la Luz, hubo un ángel que se sintió tan poderoso que quiso
competir con Dios, que era su Creador. Nos referimos a Satanás o Lucifer, un
ángel radiante, bello como para merecer el nombre de: "El que lleva la luz".
Cuando fue expulsado y condenado para la eternidad, lo siguió un grupo de
ángeles que hoy conocemos como demonios. Esta palabra deriva del griego "daimon"
que quiere decir "el que distribuye". Si bien el término demonio se aplica al
mal, en tanto se identifica al ángel como mensajero o instrumento divino, quien
distribuye puede repartir tanto lo maligno como lo benigno. De esta manera,
existen démones que reparten el bien y ángeles caídos que obviamente realizan
sus funciones apuntando a las debilidades propias de la condición humana.
Los ángeles existen. En el Antiguo Testamento son mencionados 215 veces. En
tanto en los Evangelios se los nombra 172. También los reconocen las religiones
brahmánicas, hindúes, chinas, caldeas, asirias, incaicas. Tenemos la posibilidad
de llegar a escuchar sus voces a través de la fe. Ese insondable enigma que no
tiene que ver con lo racional, sino con nuestra interioridad, con nuestra
predisposición y capacidad de abrir los ojos y el corazón para reconocer a Dios
en todo lo bello, en el infortunio, en la placidez o en las tormentas que
sacuden el alma.
Si pusiéramos voluntad en ver además de lo malo, la parte buena de todas las
cosas, aprenderíamos que el esfuerzo bien vale la pena. Al alcanzar la
satisfacción de sentirnos en paz con nosotros y con quienes nos rodean,
estaremos construyendo dentro de nosotros, un sitio grato y confortable para que
el ángel nos habite.