El Feng Shui, más que aconsejarnos sobre
cómo adornar un edificio o una habitación, nos aconseja cómo configurar nuestros
espacios para conseguir un flujo energético favorable.
Los colores aportan efectos emocionales muy concretos en la tradición
occidental, especialmente desde el auge del decorativismo y las artes
figurativas modernas. Para el Feng Shui, además, constituyen en sí mismos
auténticas fuentes energéticas de toda índole.
Por ello, no debemos dejar a la improvisación o el azar la elección del color o
colores que van a conformar un espacio de función y contenido tan concretos como
el dormitorio. Debemos basar nuestra decisión en el conocimiento de nosotros
mismos y nuestra pareja, así como de nuestras debilidades y necesidades.
Los colores representan para el Feng Shui los cinco elementos –Fuego, Tierra,
Metal, Agua y Madera-, aportando las mismas cargas energéticas que ellos. Así,
colores terrosos como el beige, el crema, el crudo y las tonalidades marrones
simbolizan la Tierra. Su presencia aportan seguridad y firmeza.
El amarillo es el color imperial en China y para el Feng Shui simboliza el Sol,
la luz, el día. Por lo tanto, los matices suaves de amarillo aportan optimismo,
alegría y lucidez.
Los colores azules por sí solos o combinados con el negro representan al
elemento Agua. Es el color del recogimiento, de la introspección. En un
dormitorio de soltero/a puede resultar positivo, pero en uno de matrimonio puede
ser hasta contraproducente, ya que no favorece precisamente la relación del
individuo con el exterior.
El color que mejor favorece el sentimiento solidario, la empatía y la
colectividad es el naranja que, como expresión del elemento Fuego, es el
empleado por los monjes budistas en sus vestimentas precisamente por el concepto
de universalidad. La creatividad, por otro lado, viene dada por los verdes,
expresión del elemento Madera. Por último, los grises y el blanco corresponden
al elemento Metal, y mientras el blanco sí se muestra muy indicado para
dormitorios si se usa con moderación –en exceso puede aportar frialdad-, los
grises son más adecuados para habitáculos dedicados al trabajo.
LAL/AGENCIAS